Aunque la conocemos desde hace 3.500 años, sus flores esconden compuestos que aún deslumbran a los científicos, como la apigenina y el bisabolol, con potentes efectos ansiolíticos y antiinflamatorios.
Publicado el | Escrito por J. F.
En el Museo Egipcio de la Universidad de Leipzig, Alemania, se conserva un papiro de unos 20 metros de largo que reúne buena parte de los conocimientos médicos de la Antigüedad. Lo compró en Luxor, en 1873, el egiptólogo George Ebers y por eso es que hoy se le conoce como el Papiro de Ebers.
Con cerca de 900 recetas, constituye la fuente más completa de la medicina egipcia, cuyos conocimientos se traspasaron a la Grecia clásica y luego a la Europa medieval. Uno de los ingredientes clave de este recetario egipcio es la manzanilla. Y como el papiro data del año 1.550 antes de Cristo, podemos decir sin problemas que la manzanilla lleva 3.500 años acompañando a la Humanidad.
Lo increíble es que siga sorprendiendo. Recientes estudios científicos afirman que la apigenina de la manzanilla puede reducir los niveles de ansiedad leve tan eficazmente como dosis bajas de algunos ansiolíticos, sin provocar somnolencia excesiva ni dependencia. Y otro de sus componentes, el bisabolol, ejerce una potente acción antiinflamatoria, capaz de aliviar molestias digestivas y favorecer la cicatrización de la piel en aplicaciones tópicas.
Pero sus efectos no terminan ahí: un metaanálisis reciente asocia el consumo diario de infusiones de manzanilla con una mejora en la calidad del sueño y un descenso significativo en los marcadores de estrés oxidativo, lo que refuerza su papel como aliado tanto para el bienestar mental como para la salud celular.
🌼 ¿Qué es la manzanilla?
Existen dos variedades principales:
- Manzanilla alemana (M. chamomilla), de aroma intenso y propiedades digestivas.
- Manzanilla romana (C. nobile), más suave, ideal para aplicaciones tópicas.
Ambas se consumen en infusión (con la flor seca) o mediante extractos estandarizados en cápsulas y tinturas, facilitando dosis más precisas
💪 Principales beneficios
La manzanilla contiene más de 120 compuestos bioactivos identificados, entre flavonoides, terpenoides y ácidos fenólicos. De todos ellos, tres destacan por su relevancia terapéutica:
La apigenina es un flavonoide que se une a los receptores GABA-A en el sistema nervioso, modulando la actividad cerebral de manera sutil y generando un efecto calmante sin inducir somnolencia excesiva. Su capacidad para regular la ansiedad la convierte en uno de los principales responsables del efecto relajante de la infusión de manzanilla.
El bisabolol, junto con su forma oxidada, actúa como un potente antiinflamatorio y antimicrobiano. Este compuesto relaja el músculo liso intestinal para aliviar espasmos y mejorar la digestión; aplicado de forma tópica, favorece la cicatrización de la piel y combate infecciones leves gracias a su acción bacteriostática.
Los ácidos fenólicos, entre los que destacan el ácido cafeico y el ácido clorogénico, aportan una fuerte protección contra el daño oxidativo. Estos antioxidantes neutralizan los radicales libres y ayudan a preservar la salud celular, reforzando la defensa del organismo frente al estrés ambiental y metabólico
🍵 Formas de consumo: de la taza al frasco
Para aprovechar sus beneficios en el día a día, la infusión tradicional (1–2 g de flor seca en 150 mL de agua caliente, 5–10 min de reposo, 2–3 tazas al día) y los extractos estandarizados en cápsulas (200–400 mg, dos veces al día) son las formas más prácticas. Cuando surjan molestias de la piel (como eccemas o pequeñas heridas), conviene recurrir de forma puntual a cremas tópicas que contengan entre un 2 % y un 5 % de extracto, para favorecer la cicatrización y reducir la inflamación.
⚠️ Precauciones que debes tener en cuenta
- Quienes son alérgicos a las Asteráceas deben evitarla.
- Durante el embarazo y la lactancia conviene consultarlo con el médico.
- Puede potenciar el efecto de sedantes y anticoagulantes.
💡 En resumen…
Lejos de ser un simple té, la manzanilla combina tradición milenaria y evidencia científica moderna. Sus compuestos clave (apigenina, bisabolol y ácidos fenólicos) trabajan en conjunto para calmar la mente, aliviar el sistema digestivo y combatir la inflamación, todo ello con una trayectoria comprobada que arranca en el antiguo Egipto y llega hasta los estudios de hoy.



